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sábado, 17 de mayo de 2008

A propósito de los 902

El otro día Druid hacía una crítica de lo que nos cuesta tomar decisiones cuando algo no nos gusta, decimos que vamos a tomar medidas y luego la pereza de empezar con papeleos nos echa para atrás y nos quedamos como estábamos, aunque nos fastidie mucho.
A mi lo que me viene tocando las narices es el tema de los servicios que contratamos, por ejemplo, la compra de billetes de viaje por Internet.
A la hora de comprarlos todo va bien, vas rellenando el formulario y ya está la compra hecha.

El problema viene cuando te surgen imprevistos y te ves obligado a cambiar la fecha del viaje.
Para empezar me cabrea mucho que para aclarar cualquier cuestión de los mismos, cada vez se esté implantando más lo de llamar a un número que empieza por 902, al que no te quedan más narices que llamar porque interesa dejar bien aclarado el cambio.

Nada más llamar te sale una grabación explicativa de cuánto te va a costar:
1º el establecimiento de llamada, 2º a cómo te cobrarán el minuto de conversación, 3º que si prefieres consultar la página web de la empresa (te dan la dirección de la web), y 4º para finalizar te informan que por medidas de seguridad la conversación será grabada.

A continuación empieza otra odisea, te dicen:
“Si su llamada es para tal, pulse tal número, si es para cual, pulse otro número, si es para hacer un cambio en una reserva ya realizada, pulse otro número” (y le das)
…”Si tiene el número de compra del billete, introdúzcalo ahora, si no lo tiene a mano y lo desea puede colgar mientras va a buscarlo y vuelva a llamar de nuevo”.
Introduces el código de compra que te están pidiendo y entonces va y te suelta:
“En breve le atenderá uno de nuestros agentes, no cuelgue por favor” y te sale una musiquilla de espera, tu ya mosqueado, pasan 15 segundos y te vuelven a recordar que no cuelgues, y así hasta 8 veces o más.

Por fin una voz humana (mecánica y cansina) te dice:
“Le atiende fulanito de tal, en qué puedo servirle” y con el cabreo que llevas encima, ya casi ni te acuerdas para qué llamabas.
Con voz cabreada le expones el problema y te suelta:
“Eso le supondrá un incremento de 100 € de penalización y 8 € más por gestiones de la empresa” y la llamada telefónica, no? porque llevo aquí tratando de solucionar esto desde hace 10 minutos, le digo yo.
El responde como quien no quiere la cosa: “Pues si”.
Comiéndote la rabia porque no te queda más remedio que hacerlo, le dices, bueno venga pues adelante.
Entonces es cuando te dice:
“Le tenemos que mandar un e-mail a la cuenta de correo desde donde hizo la compra del billete y el cambio no se hará efectivo hasta que usted nos lo responda confirmando la solicitud de dicho cambio”.
Te despides con mucho cabreo y de muy mal humor.

Vas al correo y efectivamente allí te está esperando un nuevo e-mail que dice: “Solicitud de cambio de billetes”
Lo abres y te informan otra vez de todo lo que ya te han dicho por teléfono. Respondes para confirmar y llega otro e-mail en el que te informan:
“Se está procesando el cambio y en unas 48 horas mandaremos otro e-mail para informar sobre el nuevo itinerario de viaje, en caso de no recibirlo, vuelva a mandarnos un e-mail y nos pondremos en contacto con usted lo más rápido posible”.

Parece un monólogo del Club de la Comedia, ¿A que sí?
Lamentablemente esto sucede de verdad y lo peor de todo es que no se a quién, o cómo, o si me servirá de algo protestar.
Por lo menos lo digo aquí, ya que el derecho a la pataleta no me lo pueden quitar.

¿No os parece que estamos rodeados de sanguijuelas que por todos lados nos sacan los cuartos?




miércoles, 23 de abril de 2008

A propósito del libro


ESCRIBIR PARA LEER

Hoy es el día del libro.
Todos podemos escribir un libro, bien sea una novela, un cuento o si se nos dan mejor los versos escribir poemas.

Contar, qué voy a contar yo.
¡Ay si supiera! contaría tantas cosas…
Escribir tiene su aquel, no basta poner y poner, hay que saber contar.
Para hacerlo bien, primero tienes que estar preparada, me refiero a tener claro qué quieres y cómo lo quieres contar, para eso debes dominar la prosa, el verso o ambos, depende en qué línea vaya a ir el escrito.

El verso tiene su complicación, hay muchísimos tipos, que si de redondilla mayor o menor, agudos, esdrújulos y muchísimos más, hay que ir midiendo las sílabas para formarlos.
Luego con los versos hay que formar las estrofas y te tienes que preocupar de que todos estén igualitos y bien ordenados, ¡ufff, muy difícil para mi!

La prosa parece que es más fácil, pues no, también tiene su método y si te quieres lucir has de seguirlo.
Tienes que estructurarlo todo en partes: la introducción, el nudo y el desenlace que tiene su intríngulis y a mi no se me da nada bien.
Son muchas las cosas que hay que tener en cuenta, no vale escribir a tontas y a locas, que luego te sacan los colores.
Para hacerlo bien, tienes que hacer un curso, o más.
Hay que saber dónde puedes aplicar con gracia y estilo una metáfora o que quien te lea pueda pillar la moraleja, si es que la hay.

¿Y la gramática? No hablo de la gramática parda, no, aunque ahora que estoy metida en este berenjenal igual me convenía aplicarla.
Hablo de la gramática normativa, ¡anda, que no hay normas!
Eso también tiene lo suyo, la ortografía y la semántica, que si se te olvida una tilde o una “h” que como es muda y no la oímos también pensamos que no se ve y no la ponemos.
Es importante la combinación que hacemos con las palabras, debemos evitar repetir la misma muchas veces porque no es estético, por eso debemos conocer muchos sinónimos y antónimos para que el lector disfrute con el escrito y no se le haga pesado.
Las palabras que escoges, eso también hay que cuidar, que haya riqueza de vocabulario, eso si, no debes ser muy pedante ni tampoco soez.

Comprenderéis que ante la dificultad que supone para mi escribir algo legible, me haya limitado a dejaros este breve apunte:

“Bendito sea el hombre que no teniendo nada qué decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras” (Thomas S. Eliot).



En fin, si yo supiera… contar.
¿Qué queréis que os cuente? Mejor, contarme vosotros…